domingo, junio 04, 2017

Limpieza laboral

Estoy recorriendo mi vecindario, y encuentro un lugar del que me habían hablado, el lugar que funciona como carpintería. Extraño. No escucho ruido de sierras ni nada. Me asomo y veo un área donde todas las paredes son blancas con muebles de madera laqueada y armoniza muy bien entre sí.
Después le comento a alguien que yo buscaba a la señora que vendía tacos, y que llegué por accidente.Ellos tienen dos perros que protegen y cuando los sacan antes de cerrar, no se van. Yo temo, porque veo un gato merodeando, pro al hablarle, el perro vuelve de inmediato.
Y entonces llego a donde trabaja Gerardo. Pensé que ya nunca lo volvería a ver (que era mi intención). Le ayudo a limpiar con un polvo que él tira y que no quiero respirar, y que después sacudimos de todo el local con unos paños. Esto se tiene que hacer siempre antes de cerrar. Algo atora la puerta de la oficina de Sergio Zurita, así que limpio hasta donde puedo, pero tengo que entrar saltando un archivero, porque no puedo cerrar desde donde estoy y decido hacerlo por la otra puerta.
Dos vecinos de ese local me ayudan y después Gerardo me llama para ver si también organizamos los recibos y le digo que no, que no hubo tiempo, pero Vincent me dice que si no habrá entre ellos uno que podamos usar para comer algo y no, al revisarlos veo que tienen caducidad, y una vez usados, ya no se pueden volver a usar. No tienen ningún valor impreso, sólo dice que son buenos para entre 4 y 44 comidas y que pueden ser usados hasta por cinco personas una sola vez o a la vez. Vincent se molesta y me dice que él confía más en sus boletos de lotería, y raspamos uno. El boleto es azul y tiene como 6 oportunidades, que más bien parecen stickers que se despegan para revelar el número que está abajo.
Gerardo tendrá que hacer lo de los recibos él solo, se los dejé todos en una palangana de plástico.

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